Inaugurado en la década de 1920, el asilo fue cerrado y abandonado hace décadas. Las habitaciones permanecen intactas – tal y como las dejaron sus empleados cuando se marcharon. Estos edificios siguen en pié, como un testimonio de los horrores y malos tratos que los pacientes tuvieron que soportar durante el tiempo de su funcionamiento.
Un viaje de siete meses y mucho trabajo que realizaron todos los implicados en este proyecto de Drew Geraci.
Muchas aventuras, desde esquivar a los vehículos de seguridad, hasta soportar los cambios de tiempo, y el frió aterrador que embargaba sus ajadas paredes.
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